Yume Ni Go – Segunda Parte 1

Yume Ni Go

Segunda Parte

Capítulo 1 : Adiós

*—-*

Todo fue tan repentino. Muchos sentimientos tocaron mi alma en un instante sin darme tregua para reaccionar. Nunca entendí por qué paso todo y creo que a pesar de que el tiempo siga su camino no lo podré entender. Para mí era una escena muy conocida ver a mi papá sentado y solo, con su cabeza apoyada en sus manos. Nunca pude escuchar nada, ni una voz, ni un llanto. Sólo el silencio sepulcral que después de tantos años de contemplarlo logró atraparme a mí también. No sé si yo tendré culpa de esto, ya que Él siempre me miraba con pena, como si estuviera condenado a “vivir” lo que estaba viviendo. Empiezo a creer que fue así. Nunca conocí a mamá. Él nunca guardó una sola foto suya. Ni siquiera tengo noticias de gente que haya estado vinculada a ella. Murió cuando yo nací, eso es lo único que sé, no conozco el motivo ni la razón de su muerte. Papá nunca me habló de ella, de lo que le paso. Pero supongo que es cierto que murió. Siempre que alguien le preguntaba sobre su esposa, mi madre, a mi papá, el entristecía mucho, pero nunca daba razón de nada y muchas veces evitaba hablar sobre ese asunto frente a mí. Siempre su mirada furtiva al ser cuestionado, me miraba con esos ojos tan perdidos y esa era la señal para que me fuera. Nunca lo vi sonreír, estaba la mayor parte del tiempo pensativo, perdido en oscuros pensamientos tal vez, no lo sé. Sólo se daba el lujo de conversar con una señora que hasta hace poco me parecía muy extraña. Ella se llama Sara y vive en la casa del frente con su hija Miaki que curiosamente es la única persona con la que yo converso. Sara nunca me hablaba sobre mi papa, trataba de no mencionarlo en nuestras esporádicas conversaciones. Siempre que le preguntaba sobre él, se quedaba callada, me miraba y luego miraba en dirección a mi casa e inmediatamente cambiaba de tema de la mejor manera posible, yo siempre me daba cuenta de ello, pero tampoco insistía. Sabía que de alguna forma también le incomodaba. Como si hubiera algo que no le permitiera hablar. Una mañana Sara tuvo una conversación muy larga con mi papá. Fue algo bastante extraño. Yo estaba muy cerca de su casa. Quería hablar con Miaki, pero no quería encontrarme con mi papá en ese momento, así que esperé a que él se fuera de la casa de Sara para poder acercarme. Cuando mi papá dejo la casa se le veía más extraño que de costumbre, yo estaba acostumbrado a verlo muy pensativo siempre, pero esta vez me pareció extraño. Al llegar a casa de Sara, ella me recibió con un fuerte abrazo como siempre lo solía hacer, pero también estaba extraña. Mientras me hablaba se notaba en sus ojos la urgencia por decirme algo. Después de un diálogo casi sin sentido se dio cuenta que me estaba empezando a impacientar así que sólo atinó a decirme: “Cuida mucho a tu padre, cuídalo”, e inmediatamente entristeció. Eso me asustó mucho. A ella nunca la había visto triste. A pesar de haber perdido a su marido hacía ya bastante tiempo y de vivir sola con Miaki, era una mujer muy alegre. Siempre la recordaba así. Esa noche no pude dormir pensando en lo que me dijo. Miraba hacia el techo oscuro de mi cuarto, tratando de no pensar en ello. Trataba de imaginar algo que me haga sentir bien en ese momento, pero no encontraba nada. El viento que se colaba por la ventana ligeramente abierta estaba muy helado y hacia un ruido muy extraño al pasar. Ya era casi la una y media de la madrugada cuando unos ruidos espantosos  me hicieron poner de pie, estaba tan asustado que no me preocupé en ponerme los zapatos. Salí de mi habitación y seguí aquellos extraños ruidos. Los sonidos eran escalofriantes, no tenían ningún sentido, eran gemidos combinados con golpeteos, como un lamento agónico. A pesar de que estaba muy asustado sabía que algo malo estaba sucediendo y necesitaba saber qué era exactamente. Los ruidos se hacían cada vez más fuertes mientras me acercaba cada vez más a la habitación de mi padre. Abrí la puerta muy despacio y me asomé. Lo vi recostado sobre su cama, estaba asfixiándose, convulsionando a cada momento. Me asuste horriblemente, no sabía qué hacer, le gritaba: ¡Papá! ¡Papa! ¿¡Qué te pasa!? Él no decía nada, no podía decir nada. Yo sólo atiné a llorar horrorizado. Corrí a la cocina buscando como loco el teléfono y llamé a los bomberos. Ellos llegaron muy rápido y se lo llevaron al hospital. Yo me quedé en la casa, no sabía como actuar en ese momento. Nunca  antes había pasado algo parecido. Solamente me apoyé en la pared, fuera del cuarto de Papá, me senté y escondí la cabeza entre las rodillas, era lo único que podía hacer en ese momento. No podía parpadear, la imagen de Papá en la cama se me quedó grabada en la retina. Debe ser que estuve muy perturbado en ese momento, porque no me di cuenta cuando entró a la casa la mamá de Miaki muy alterada. Me preguntó qué había pasado, dónde estaba mi padre. Lo único que pude hacer fue abrazarla fuertemente y llorar, llorar mucho. Las lágrimas salían sin cesar a pesar de que cerraba los ojos fuertemente. Ella también me abrazó y no dijo nada más. Era la primera vez que lloraba de esa forma, nunca en mi vida había llorado como ese día. Sara me llevó a su casa y allí pase toda la noche.

 

continúa…

Anuncios