Ofrecer la otra mejilla

El día de ayer al regresar de mi casa fui testigo de algo que sucede muy a menudo en casi todas las calles de Lima y que al parecer ya es algo tan normal que no nos asusta ni nos conmueve.

Tomé el carro a eso de las 7:45 pm de la noche para regresar a mi casa, bastante temprano a lo que estoy acostumbrado. Había bastante movimiento por las calles de San Miguel y calculaba que llegaría a eso de las 10:00 pm cosa  que me parecía normal y hasta bastante seguro ya que, usualmente los días Sábado las calles cerca a mi casa suelen estar repletas de gente por culpa de las múltiples discotecas que hay.

Como ya me es costumbre, ese día me encontraba con terno y tenía apariencia de gente. Es algo extraño cómo la gente aún se admira de que una persona camine con terno por las calles, imagino que piensan que todo aquel que usa terno es porque tiene plata, no lo sé. Bueno, llegó mi carro, me subí y me senté casi por los últimos asientos. Cuando pasó el cobrador le pagué con una moneda de 2 soles y no me dio vuelto, se fue de frente como si nada. Obviamente le reclamé, a veces se hacen los locos y cuando les dices algo te dan el cambio sin decirte nada, pero esta vez no era ese el caso. Tras reclamarle me devolvió solamente 30 céntimos, sabiendo muy bien que el pasaje era S/.1.50, incluso se molestó porque le reclamé. A penas me dio el vuelto se fue a la puerta de adelante dejándome con la palabra en la boca. Yo tenía toda la razón, incluso en su tarifario decía el precio de S/.1.50, pero al parecer a él no le importó un comino. Pensaría que como iba con terno, tenía el deber de pagarle más que los demás.

Lo último que puedo soportar es el abuso de la gente. Ya sé lo que pueden estar pensando: “Pero si sólo era S/.0.20”. Lo sé, aunque sea sólo veinte céntimos, lo considero de muy mala actitud. Pensé en un momento hacerle problemas, pero me dije: “Hoy día es Sábado y acabo de salir de la iglesia, no vale la pena”. Le pedí a Dios que me dé paciencia en una pequeña oración y que nos bendiga a todos en ese viaje, incluso a él. Como veía que aún estaba impaciente tomé una separata que me habían dado que hablaba sobre la amistad y comencé a leerla. La lectura me hizo reflexionar y a la vez calmaba mi corazón. Cuando terminé de leerla ya estaba cerca de mi destino, pero como suele suceder cuando no duermo apenas me subo al carro, me quedé dormido.

Cuando desperté me di cuenta que el carro ya había llegado a mi destino y se disponía a dar la vuelta, para ello tenía que meterse por huachipa y luego regresar a la carretera central, que era donde debía tomar el siguiente carro. Decidí quedarme y dejar que regrese a la carretera, sólo nos encontrábamos en el carro el chofer, el cobrador, una señorita y yo. Ese lugar se veía bastante tenebroso porque por alguna razón todos los postes estaban apagados y apenas el carro volteó para ir directo a la carretera nos percatamos que estaban asaltando a una chica tres sujetos en medio de la oscuridad. El chofer hizo el ademán de atropellarlos y el cobrador comenzó a pitar y salió corriendo a defender a la chica. Los delincuentes huyeron al verse descubiertos y dejaron a la chica en el suelo llorando. El cobrador tomó a la chica y la subió rápidamente al carro por temor a represalias de parte de los ladrones. Una vez dentro los dos, el chofer continuó con el camino. El cobrador al verla llorando le preguntó algo asustado si le habían robado algo, porque aún tenía su cartera, ella aún en shock y llorando le dijo que no, pero como no dejaba de llorar el cobrador le preguntó con una extraña ternura: “¿Te han hecho algo mamita?” y ella le respondió llorando: “Me han pegado”. Se me partió el corazón al escucharla porque ella podría ser mi madre, mi hermana o mi novia y no sé que haría si alguien les hiciera algo. El cobrador le dijo como para calmarla: “Menos mal que no te robaron nada mamita, si hubiera agarrado a uno lo reventaba”. Tanto el chofer como el cobrador estaban dispuestos a prestarle su ayuda y llevarla hasta un lugar seguro. Al parecer la chica vivía por ahí o tenía algún conocido cerca de la entrada de huachipa. Se le veía bastante humilde y entre sus cositas pude ver una naranjita en una bolsa y otras cositas que sólo ella podría darle valor, lo cual me puso triste. Me preguntaba cómo la gente puede llegar a ser tan bestia para golpear a una mujer que posiblemente tenga menos que ellos. Al final cuando llegamos a la carretera el cobrador le dijo que nunca haga eso, que no camine por calles oscuras y sobre todo allí, que mejor tome un mototaxi que sólo le cobrará cincuenta centavos. Cuando el carro se detuvo el cobrador fue donde un patrullero que estaba parado en una esquina y que al parecer no había visto nada y les dijo a los policías lo que había pasado. Yo seguí mi camino y tomé mi carro para irme a mi casa, reflexionando en el camino sobre lo que pasó.

Entendí que Dios tenía para mí un mensaje aquella noche. A pesar de haberme molestado con el cobrador por la actitud que tuvo conmigo antes, pude ver que era una persona piadosa y muy valiente, dispuesto a arriesgarse por ayudar a su prójimo. Me di cuenta que hice bien al no guardarle rencor y perdonarle. Y sobre todo, que nunca hay que maldecir a nadie, a pesar del mal que te hagan a ti. Como Jesús dijo lo de poner la otra mejilla, eso precisamente  hay que hacer porque aquella chica pudo haber sido mi madre, mi hermana o mi novia y aquel hombre la hubiera defendido sin importar quien hubiera sido.

Enseñanzas de Nuestro Señor Jesús:

Mateo 5:39, Mateo 5:40, Lucas 6:29, Lucas 6:30