12 de Marzo…

Sabía a que iba mientras el sol que entraba por la ventana se mantenía muy fuerte aún. Las calles tan congestionadas como siempre anunciaban que la faena iba a ser dura, pero bastante productiva. Llegué al lugar menos esperado, como si una fuerza extraña me animara a adentrarme en aquel sitio aún desconocido para mi.

Tanto brillo y tanto lujo. Tantas cosas que me fascinaban con sólo verlas se mostraban ante mí diciéndome “aquí estoy…” “es a mí a quien buscas…” Pero no, mi mente estaba clara y sabía lo que estaba buscando. Buscaba un significado para ella. Algo que me diga lo que significa el tiempo de los dos, de esta razón estar juntos. Conozco muy poco de este mundo, menos de lo quisiera saber. Entre mis dudas e inquietud encontré algo que tenía un significado para mi. Cuando lo vi y lo imaginé en su mano pude sentir que las cosas iban bien, porque nunca dejaré mi torpeza en las cosas que ignoro y me meto con todo y zapatos. Fui en busca de algo sin saber qué era. Fue mi corazón el que guió mis pasos y le llevó ese presente.

Con aquel presente muy cerca al corazón caminé por esas calles que una vez recorrimos de noche. Tenía un encanto distinto y un aire festivo, tal vez eran mis ojos los que imaginaban la fiesta. Yo ya estaba celebrando, porque un día como este ella decidió entrar en mi vida por la puerta grande. Mi alma se inclinó para dejar pasar a aquella princesa tan esperada. Y ahora reside aquí dentro rodeada de todo el calor que me sea posible darle.

Llego la noche junto a un alivio. Al fin verla por primera vez en este día de fiesta. Otra vez el alma se me adelantaba y tenía que correr para darle alcance. Como si fuera aquel día la primera vez, no quiso detenerse por nada. Una noche más, un encuentro más. Pero esta vez era diferente, más que un presente, llevaba un deseo. El deseo de decirle que nuestro primer 12 fue ayer. Que el tiempo no pasa para mi desde que ella está aquí. Que aquellos números en mi calendario sólo son símbolos de tiempo en que la extraño al no poder verla. Pero nada pude decir. La abrecé muy fuerte y nos quedamos así sin decir palabra alguna. Como si un siglo nos hubiera separado. Sus abrazos curativos algún día me harán inmortal. No pude evitar verla a los ojos y perderme nuevamente en ellos. Y ella hacía siempre la misma pregunta y mi alma siempre daba la misma respuesta “Puedo ver en sus ojos que no es un sueño, ella es muy real porque la tengo entre mis brazos y siento su calor”… Caminamos de la mano como siempre o hacemos (como siempre lo haremos…) Y hablamos de cosas que tal vez para otros no tenga importancia, pero para nosotros es de suma importancia resolverlo. Sonreímos, jugamos, nos acariciamos y reímos. Lo que siempre hacemos, lo hacíamos como siempre, con las misma ansias y el mismo entusiasmo ¿Realmente no fue ayer nuestro primer 12? Pero el tiempo aún no pasa. Nos seguimos extrañando igual y el deseo por saber de ella cada vez es mayor. Cosas que no se pueden explicar, es mejor sólo disfrutarlas. De la mano caminamos y nos perdimos nuevamente en esta ciudad oscura que siempre nos observa.

Ya era muy tarde y nuestra noche llegaba a su fin en el lugar menos esperado. Nos sentamos a descansar mientras charlábamos de lo que sucedía en nuestras vidas como seres individuales. De pronto, algo la entristeció. Hay cosas que siempre logran opacar hasta el momento más feliz, pero desde hace un mes juramos que ya no estaríamos solos. Cuando la tristeza llega, el amor se hace mucho más fuerte que su fuerza misma. Un abrazo curativo nuevamente apaciguó nuestra velada y aunque no lo crean, utilicé la táctica más antigua para aplacar sus lágrimas. En un afán de recordar nuestra infancia como muchas veces lo hemos hecho, quise comprar sus lágrimas con un regalo. Ella cambió sus lágrimas por una hermosa sonrisa. Sabía lo que estaba tramando, y es que el leer nuestras mentes se está volviendo algo muy común entre nosotros. Cerró sus ojos y el presente se hizo presente. No era el brillo ni el lujo, sólo el significado que le entregaba con algo de timidez aún. Ella me lo recibió como soñé que lo haría y se lo puse en aquella mano de la que me enamoré y de la que hasta ahora siempre trato de apoderarme cada vez que tengo oportunidad.

Nuestra velada fue corta, pero como todas las noches y días a su lado, es toda una historia que siempre querré contar…

Nuestras manos siempre juntas

Nuestras manos siempre juntas ^,^

Para mi Ju ^. ^

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Tiempo…

Tiempo… a veces queremos que pases muy rápido y otras que no te nos vayas de las manos tan de prisa. Eres cruel y santo en nuestras vidas porque logras librarnos y a la vez atraparnos en etapas tan distintas. Quiero dedicarte este post porque te lo mereces.

Cuántas veces he deseado momentos como este, en la que pueda desafiarte a un duelo de recuerdos. Muchas veces me hiciste verme a mi mismo en sueños y me mostrabas lo que era y me comparabas con los que soy. Tenías una risa burlona, pero cálida. Lo recuerdo muy bien. Quién soy yo para decirte qué hacer. De nada sirve mi voluntad ante ti y tus juegos.

Recuerdo un día, cuando estaba perdido en mi mismo, que una vez de niño me obsesioné con un hoyo en el piso. Era tan extraño este hoyo que vagamente recuerdo nunca haberle encontrado el fin. Y comencé a imaginar qué podría haber dentro… tal vez un duende escondido de la luz del sol que salía todas las noches mientras todos dormíamos para hacer sus travesuras en quién sabe dónde. O de repente arañas de un tamaño descomunal que alteraban al perro, quien asustado, sólo atinaba a ladrar. No lo sé, pero algo tenía que haber ahí. Un hoyo tan enigmático tendría que tener algo fantástico en su interior.

Cansado de esperar y nunca poder descubrir qué había dentro, decidí obligar a sus habitantes a escapar y mostrarse a plena luz del sol. Para lograr mi cometido utilicé muchos métodos de persuasión, bueno, los que estaban más a la mano y los que se me tenía permitido utilizar… y algo más.

Alambres de gran tamaño, agua, aceite, kerosene, perfume, arena, papel, fuego, etc, etc, etc. Qué no habré metido ahí. Una vez muy emocionado logré conseguir ron de quemar y lo eché con gran emoción. Al prenderlo casi me quemo las cejas por la fuerza con la que salió el fuego de aquel hoyo.

No recuerdo por qué ni cuándo perdí la obsesión por este pasatiempo tan extraño que tenía. Solamente recuerdo que el tiempo me lo hizo recordar. El mismo tiempo que ahora se presenta mientras escribo estas líneas y me recuerdan que hacía tiempo no escribía. No crean que era por falta de ganas, porque siempre las tengo. Hay muchas cosas que favorecen al que yo tome algo de mi tiempo de descanso para dedicarlo a este pasatiempo que estoy seguro, siempre disfrutaré.

Una vez más haz tomado tu cuota y te vas sin despedirte. Sé que volverás uno de estos días para seguir recordándome quién era, quién soy y quién seré.

Tiempo

Tiempo

Dedicado a la niño que hay en ti…