Diálogos sin nombre

La niña de las palabras inventadas me dijo una vez que el secreto para vivir mucho tiempo era alimentarse bien de joven y alejarse de todo vicio. Entonces me puse a pensar sobre eso. “Los vicios son peligrosos” me dije. Es posible que a pesar de que muchas veces se muestran como pasatiempos inofensivos, a la larga te pueden robar el tiempo y la vida.

Una vez hablando con el hombre de los tequilas le confesé mi deseo de ser inmortal y que tal vez para lograrlo la vida me quede corta. Entonces la niña de las palabras inventadas me dijo “Si te va a faltar tiempo será mejor que empieces a cuidarte desde ahora”. Suelo ser rebelde con ciertas cosas, pero en ese momento no pude decir nada. Finalmente quedé mudo y es que utilizaron mis propias palabras contra mí.

“La gente siempre te muestra lo que quieren que veas de ella” me dijo la chica de los pies fríos. “Sea cual fuese el medio, siempre lo hará” ¿Qué tan cierto es esto? Me pregunté ¿La gente no es lo que aparenta? O es que nosotros vemos caras maquilladas siempre. Yo pensaba que todos trataban de mostrar siempre lo mejor de sí, pero tal vez esto no sea siempre así ¿Nosotros vemos lo que quieren que veamos? ¿El lado hermoso? ¿El lado malo? ¿El lado oscuro? ¿El lado tierno? ¿El lado amable? ¿El lado odioso? ¿El lado agradable? ¿El lado agresivo? ¿El lado simpático? Aún me resisto a pensarlo. No se puede encasillar a todo el mundo y no todos tienen tanta frialdad en el alma.

Nosotros somos el reflejo de lo que nos ha tocado vivir. El pasado es el creador de nuestra personalidad, nuestros hábitos y costumbres. También de quiénes somos y a dónde queremos ir. La niña de las palabras inventadas me lo dijo también. “Tal vez el hecho de haber vivido cosas muy similares haya hecho que congeniemos tanto”. Nuestro pasado nos forma y nos une también.

El tiempo puede volverte una persona diferente a veces. Ahora lo sé muy bien. Nuestra vida muchas veces está sostenida por pilares que nos ayudan a llevarla de una mejor manera. Muchas veces cuando uno de ellos nos falta, sin darnos cuenta nos transformamos por su ausencia. Algo o alguien que nos sostenía de un lado desaparece y se lleva consigo esa parte. Pero la vida sigue, seguimos nuestro camino y nos seguimos formando con lo que nos queda. Olvidamos que ese pilar ya no está ahí y ya no nos hace falta. Pero qué pasa si ese pilar se cayó, no se fue, sólo se cayó. Tú lo necesitabas pero se cayó ¿Qué se puede hacer? ¿Podemos seguir nuestro camino sin él? ¿Debemos seguir nuestro camino sin él? No está bien ignorarlo y seguir nuestro camino. Ahora lo sé. Los pilares se pueden caer y muchas veces. Pero está en nosotros el volver a ponerlos de pie para que así nos sigan sosteniendo, porque aunque no lo queramos los necesitamos y mucho ¿Y los pilares se podrán volver a construir? Creo que sí. Los pilares siempre pueden volverse a construir, por eso no es bueno olvidarlos ya que siempre formarán parte de nuestras vidas.

La chica de los mini cua-cua me dijo que la amistad puede ser duradera aunque no se la busque. Los amigos no son designados nunca. Muchas veces los encontramos en los sitios más inesperados. En la calle mientras caminamos, en el trabajo mientras charlamos, en el pasado mientras recordamos, en el presente mientras vivimos. La amistad es algo que nunca se debe perder, así estemos muy lejos… o muy cerca… Es parte importante de nuestra experiencia y es sostén de nuestra vida.

“Ella” me dijo que los verdaderos amigos siempre quieren el bien tuyo ¿El amor al prójimo? Eso me sonó a frase del hombre de los tequilas. Pero tiene razón. Creo que el reconocimiento por haber hecho algo bien es muy necesario en nuestras vidas, y si este reconocimiento viene de alguien a quien hemos ayudado o aconsejado es tal vez el mayor premio que podamos recibir. Tenía razón el hombre de los tequilas, me estaba perdiendo de algo muy bueno y necesario. Y por eso le estoy muy agradecido.

La amistad es algo que nunca se debe perder. Aunque estés muy lejos… o muy cerca… se repite en mi mente. La niña de las palabras inventadas me lo reclamó con justa razón. No perderé ese pilar y no permitiré que se caiga. Ya no. Trataré de levantar todos mis pilares caídos, y los que no se han caído y aún me sostienen los protegeré con todas mis fuerzas. Es algo que me he prometido a mí mismo. Tal vez sea la promesa que regirá mi vida, pero quiero llevarla. Tal vez en un futuro pueda convertirme yo en uno, en un pilar. Y si es así, quiero ser el más fuerte de todos. Por eso los necesito a todos conmigo. Por siempre.

Quería escribir!!! De verdad quería hacerlo!!!

Encontré unos textos que ya daba por perdidos en la computadora. Las amarillentas hojas originales escritas con lápiz yacen ocultas en algún lugar de mi cuarto, pero esas si serán casi imposible de ubicar. Quería escribir sobre ellas, o reescribir lo que había en ellas. Se nota la diferencia. El tiempo cambia nuestras perspectivas.

Ahora, leyendo nuevamente lo escrito me doy cuenta que en mí existía una ilusión muy grande, casi apasionante por las historias que escribía. Cada palabra escrita me hace recordar el momento preciso cuando, recostado sobre mi cama y con una luz amarillenta, escribía con ese lápiz gastado. ¿Por qué lápiz? dirán ustedes. Tal vez porque aún no confiaba en lo que escribía y quería poder borrar, pero nunca lo hice. Todos los textos están tal y como salían de mi mente en ese momento, eso me agrada.

El pasado vuelve a mi, pero aún no abro los  brazos para recibirlo. Tal vez desconfíe de su juventud mientras mi alma se siente un poco más vieja que él. Incluso para recibirlo tengo que pensarlo muy bien. Las palabras de una vieja hoja pueden significar mucho más ahora que en su tiempo y tal vez sea eso lo que me frena, me aleja, me estremece.

Tendré que retomar el camino. Tendré que ayudar a Alex a decidir que hace con su vida al igual que con Jack Niles (aunque este último ya la tenga resuelta). Tendré que narrar las aventuras de Favek mientras se enfrenta a un mundo maravilloso o a Tezga que le espera el peor de los retos. Hay muchas cosas por hacer, muchas historias por terminar y toda una vida que retomar. No queda otra, hay que seguir.

¿Qué quieres decirme con esa mirada?

Ocho años y cinco horas

¿Han pasado ya tantos años? ¿Quién podría imaginarlo? Pero a ella la veo igual. No en apariencia, sino en la imagen perfecta que tenía de ella en mis empolvados recuerdos. Tantos años que estuve a punto de enterrar los recuerdos tras las telarañas del olvido. En un momento me sentí como antes ¿Acaso no siempre he sido el mismo? Creo que no. Una parte de mi se alejó, solto mi mano y se quedó mirándome mientras yo avanzaba, me miraba con esos extraños ojos que casi olvido por completo.

La vi y decidí que ese recuerdo no debería desaparecer, tal vez nunca debió apartarse, tal vez nunca debi apartarla, pero paso. Los años se vuelven segundos cuando los recuerdos renacen. Su alma era la misma. Sí, yo te conozco dijo mi alma al verla, yo te conozco. Nuestras palabras se mezclaron en el lenguaje más sencillo, no había errores ni malos entendidos.

Era una linda tarde y no hacía frio, buen augurio de la primavera y excelente motivo para no abrigarme. La chompa se apoderó de mi brazo y se resistió a moverse de ahí a pesar de las pequeñas caricias gélidas del viento que de vez en cuando me rozaban el rostro.

La vi llegar desde muy lejos. Es mentira! No puede ser ella! me decía, mientras mis ojos la reconocieron y no se apartaban de su figura que avanzaba entre las demás imágenes borrosas que reboloteaban al rededor suyo. No es justo, mis ojos la reconocieron antes que mi alma. Eso no habla muy bien de mi.

Caminamos, hablamos, reimos, pero ¿Eso era real? ¿Estaba sucediendo eso realmente? ¿Cuando te conocí? me preguntaba mientras las palabras seguían fluyendo. Nunca te conocí, pero aún así siento que te conozco. La realidad se estaba yendo de paseo mientras intentaba recordar el preciso momento en que la conocí. Es imposible, no te conozco, pero te conozco. Una vez más mi memoria me la jugaba, pero ya no importaba. Ella estaba ahí frente a mi y sólo había una verdad aceptable, mi alma la conocía.

Ya empezaba a apagarse el cielo y el viento se sentía libre de abrazarnos. Decimos buscar un lugar cómodo dónde poder seguir hablando y recordando (trantando de no olvidar). Su decisión fue la mejor y encontramos el mejor lugar posible, un lugar bastante cómodo en todos los sentidos ¿Un café? Que sean dos Cappuccinoss por favor.

De forma extraña el pasado fue muy pocas veces mencionado. Me importaba mucho su presente ya que reflejaba perfectamente su pasado y pienso que ella también pensaba eso. Nos sumergimos en palabras y nadamos como peces aventureros. Ya no se hablaban de hechos ni de resúmenes, el diálogo era totalmente nuevo. No había argumento definido. Eran preguntas que necesitaban de respuestas rápidas, directas y sinceras.

En son de broma le conté una curiosa anécdota en la que los protagonistas eramos mi amigo Victor Hugo y yo. Le conté que en épocas de colegio nos enfrascamos en una conversación que duro 5 horas la cual fue interrumpida por la oscura noche que alertaba de posibles peligros. Esa idea me pasó por la mente al ver q nuestra conversación llevaba el mismo traje.

¿Otra vez estas aquí oscuridad? ¿No puedes tomarte un descanso al menos por el día de hoy? Se anunciaba el cese de todo ánimo de seguir. Nuevamente caminamos por las calles, esta vez cubiertas por un velo negro. Nos detuvimos a comprar algo para comer, no era para mi, yo estaba más que satisfecho, tampoco para ella.  La despedida fue inevitable, pero necesaria. La vi partir, alejarse nuevamente de mi vista, pero esta vez no de mis recuerdos.

Prometimos continuar. Continuar conociéndonos. Continuar hablando. Continuar recordando. Y mira las vueltas que da la vida, al ver el reloj pude darme cuenta que el tiempo nuevamente cobraba el mismo sentido que aquella vez. El tiempo nuevamente se mostró en forma de símbolo. Nuevamente era la representación de algo único. Algo que tal vez prometía no repetirse, lo hizo.

Nuestras cinco horas superaron facilmente a ocho años.

Alex